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Lo que los obreros transculturales deben saber sobre el regreso

Lo que los obreros transculturales deben saber sobre el regreso

Ronald L. Koteskey

GO International

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Estás emocionado de volver a “casa”, a tu país y a tu iglesia, esa que te envió a otra cultura para servir como obrero transcultural. Por supuesto, vas a extrañar a las personas con las que has estado ministrando todo este tiempo que estuviste en tu país anfitrión, pero comienzas a soñar despierto y a imaginar la bienvenida que te darán tus amigos y familiares cuando llegues a “casa”.

Es normal que esto le suceda a las personas que han estado fuera de casa por un tiempo. Sin embargo, muchas veces las expectativas de los obreros transculturales son tan altas al regresar que experimentan un nivel elevado de estrés. Cuando llegues a “casa” quizás te sientas solo, aislado, desilusionado, incomprendido, deprimido e irritado con tu propia gente, e incluso con tu propia cultura. Echemos un vistazo a algunos consejos que te pueden ayudar a prevenir estos sentimientos de manera que tomes medidas acertadas para salir correctamente del país anfitrión, entrar correctamente en tu país y conocer de antemano algunos de los escollos típicos del regreso a casa.

Salir bien del país anfitrión

Una cosa que puede aumentar tu estrés debido al reingreso a tu país es no salir correctamente del país anfitrión. La parte final de Hechos 20 nos brinda un buen ejemplo de un obrero transcultural que salió de la manera adecuada. Pablo había pasado tres años en Éfeso y se disponía a volver a su país de origen y a las “oficinas de la sede central” en Jerusalén.

Dave Pollock pensó en algunos consejos que pueden ayudar al obrero a salir de la mejor manera e ideó un proceso que se resume en las siglas R-A-D-I. Veamos a continuación cómo aplicó Pablo los pasos de este acrónimo.

  • Reconciliación. Cerca de la fecha de tu partida van a surgir tensiones en las relaciones y quizás te veas tentado a simplemente ignorarlas y esperar que desaparezcan. Sin embargo, no van a desaparecer. Si no las enfrentas te van a consumir e interferirán en tus futuras relaciones. Si llegaras a pasar tiempo con esas personas alguna otra vez, las tensiones seguirán estando ahí y serán aún más difíciles de resolver. Pablo les recordó a los ancianos de Éfeso cómo había vivido entre ellos todo el tiempo que estuvo allí y cómo nunca recibió apoyo económico de ellos, sino más bien, siempre estuvo dando de sí mismo.
  • Afirmación. Hazle saber a los demás cuánto los respetas y aprecias, diles lo importante que ha sido su amistad y cuánto has disfrutado trabajar con ellos. Cuando reconozcas las distintas formas cómo la gente te ha bendecido te darás cuenta de todo lo que has ganado. Pablo encomendó a los efesios a la gracia de Dios y les advirtió sobre posibles dificultades.
  • Despedidas. Dile adiós a las personas, mascotas, lugares y posesiones. Toma fotos y elabora pequeños recordatorios de las cosas buenas que te han sucedido allí. Después de que Pablo terminó de hablar con los ancianos, oraron todos juntos, lloraron, se abrazaron, se besaron, ellos lo acompañaron hasta el barco y entonces, se separaron.
  • Imagina el destino. Mientras te despides, comienza a pensar de manera realista acerca del lugar a dónde irás. Piensa en ello como una visita al lugar que solías llamar “hogar” e imagina, de manera realista, cómo será llegar y estar allí. Pablo quería estar en Jerusalén para el día de Pentecostés pero también entendió que en esa ciudad le esperaban varias dificultades.

Una situación particularmente difícil es cuando los obreros se ven obligados a abandonar el país antes de que realmente lo deseen. Esto puede deberse a problemas de salud en ellos o en algún miembro de su familia, dificultades con un hijo adolescente o muchas otras razones. En tales casos, es normal que experimenten sentimientos de fracaso, depresión, desánimo, resentimiento y culpa. Si eso te llegase a suceder es bueno que reconozcas tu dolor, enfrentes tu realidad actual, traces una línea sana sobre el pasado y te comprometas con tu tarea actual.

Durante el viaje

Los aviones son maravillosos para llevarte a casa rápido y a toda prisa pero te dan muy poco tiempo para “dejar” el país anfitrión en tu mente, así como poco tiempo para llorar por eso que estás dejando atrás y anticipar tu llegada mientras estás en pleno vuelo. Inclusive puede que, en tu mente, todavía sientas que estás “viajando” aunque tu cuerpo ya llegó a casa. En cierto sentido, muchas personas permanecen en transición durante varios días o semanas después de aterrizar en casa. Desempacan sus maletas mucho antes de poder desempacar sus mentes.

Aunque Pablo tenía prisa por llegar a casa a tiempo, tuvo tiempo para pensar y procesar todo durante su viaje. Recuerda que él tuvo que recorrer unos mil kilómetros en barco, a merced de los vientos y tuvo que hacer una “conexión” (encontrar otro barco que siguiera su misma dirección) después de haber recorrido los primeros 300 kilómetros. Es posible que la gente que te espera en casa no lo entienda y opine que se trata de algo extravagante, pero hacer una parada de una semana en Hawai o Europa, antes de llegar a casa, es una buena y más efectiva manera de hacer la transición.

Entrar de nuevo en el país anfitrión

El primer paso que todo obrero debe dar para entrar de nuevo, y de la manera correcta, en el país anfitrión es seguir los consejos del RADI y darse a sí mismo un buen tiempo para hacer la transición cuando va camino “a casa”. Entonces, debes descubrir si tus expectativas son realistas o no. Tus expectativas son la base a partir de la cual vas a evaluar todo lo que te suceda en tu país y todo el mundo tiene expectativas, aunque traten de negarlo.

Desafortunadamente, podemos cimentar nuestras expectativas en algo que era cierto hace uno, dos o cuatro años atrás, tiempo durante el cual todo ha cambiado: tú, tus amigos y familiares, tu iglesia y tu cultura.

  • Tú has cambiado. Antes de salir de tu país manejabas tu auto hasta la tienda de la esquina, desperdiciabas comida y desechabas bolsas sin pensarlo. En el presente, caminas un kilómetro, llevas los restos de la comida del restaurante a casa y guardas las bolsas plásticas. Pablo también había cambiado y al llegar a su país de origen le contaba a la gente cómo antes había perseguido a los seguidores de El Camino y cómo una luz brillante lo hizo caer al suelo en el camino a Damasco, razón por la cual ahora le predicaba a los gentiles (Hechos 22).
  • Tus amigos y familiares han cambiado. Antes eras parte de un grupo, sabías dónde encajabas en cada relación y tus amigos confiaban en ti y te escuchaban. Pero durante el tiempo que estuviste ausente nuevas personas entraron al grupo y tus amigos se involucraron en otras actividades. Ahora te sientes como una especie de marginado, no entiendes los chistes de los que otros se ríen y malinterpretas algunas de las cosas que tus amigos dicen y hacen.
  • Tu iglesia ha cambiado. Cuando te fuiste parecía que tu iglesia estaba muy interesada en lo que ibas a hacer, pero ahora que volviste nadie parece estar muy interesado en tu trabajo transcultural. Cuando intentas hablar sobre tu experiencia transcultural la gente te escucha cortésmente durante unos minutos pero luego cambian la conversación y empiezan a contarte emocionados sobre su equipo de fútbol favorito y el campeonato local. Cuando Pablo llegó a casa luego de su primer período de servicio transcultural (Hechos 15), la gente de la iglesia sostuvo que quienes se habían convertido por la predicación de Pablo no eran salvos. Al final del tercer período de servicio de Pablo (Hechos 22) la gente de su propia denominación estaba emocionada por los resultados de su trabajo. Sin embargo, cuando él visitó la iglesia en la gran ciudad la gente básicamente lo escuchó cortésmente hasta que él mencionó su llamado transcultural y luego de eso, quisieron matarlo.
  • Tu cultura ha cambiado. Alvin Toffler escribió la novela el Shock del Futuro (Future Shock, en inglés), para señalar que las culturas cambian tan rápido que incluso las personas que viven en ellas apenas pueden mantenerse al día con los cambios. Las personas que salen de sus culturas durante varios años muy frecuentemente regresan a una cultura bastante diferente a la que dejaron. Algo tan simple como entrar a una tienda para comprar algo puede ser abrumador.

 

Trampas para evitar

Cuando regreses te enfrentarás a muchas situaciones difíciles. Estas son algunas de las más comunes.

  • Frustración. Las cosas serán diferentes y algunas de esas diferencias te parecerán muy frustrantes. Por ejemplo, mientras estuviste en el extranjero tu familia estuvo más unida que antes porque no tenían televisión y tus hijos se educaron en casa. Es muy probable que, cuando vuelvan a casa, la televisión, las actividades escolares, las muchas actividades en la iglesia, los eventos deportivos, etc., tiendan a separar a los miembros de la familia.
  • Desilusión. Regresas a casa entusiasmado por lo que has estado haciendo en tu país anfitrión pero, en tu propio país, todos se muestran muy apáticos. Como alguien dijo una vez: “Están en estado de coma y ni siquiera lo saben”.
  • Prejuicios. Resulta muy fácil volvernos críticos y condenar a otros por su aparente apatía. Es posible que confundas las funciones más específicas que le corresponden a tu agencia (alcance y capacitación) con las funciones más amplias que corresponden a tu iglesia local.
  • Amargura y hostilidad. Si permites que todas estas cosas continúen dentro de ti lo suficiente y sin prestarle atención, podrías convertirte en alguien amargado y, a la larga, terminar siendo hostil con las personas que te han estado apoyando financieramente y en oración.

Sugerencias para evitar las trampas

Hay maneras de evitar las trampas o, al menos, hacer que sean menos perjudiciales para tu vida y ministerio. Estas son algunas sugerencias.

  • Llora tus pérdidas. Si no te tomaste el tiempo para llorar antes de salir del país anfitrión o durante el viaje, hazlo después de llegar a casa. Aunque el tiempo será escaso para atender todas las actividades que te esperan, reserva unos minutos cada día (tal vez durante tu tiempo devocional) para llorar por todo aquello que has dejado atrás.
  • Se honesto. No permitas que el orgullo (¿espiritualidad?) te impida compartir con alguien esos sentimientos con los que estás luchando. Encuentra a una persona (por ejemplo: otro obrero transcultural, un amigo cercano con quien tengas confianza, un consejero que entienda a los obreros transculturales, etc.) que te sirva de mentor durante tu proceso de readaptación a tu país.
  • Adáptate a los cambios en el ministerio. Lo más probable es que, una vez en casa, no te dediques al mismo ministerio que desarrollabas en el campo. Incluso, podría parecerte algo bastante mundano comparado con lo que hacías en tu país anfitrión. Sin embargo, todas las formas de servicio son agradables delante de Dios y es posible encontrar un lugar para servir en cualquier iglesia local.
  • Agradece a tus sostenedores. Incluso si no te dan la oportunidad de hablar frente a todas las personas de tu iglesia durante un servicio dominical, encuentra alguna forma de agradecer a quienes te ayudaron durante tu tiempo fuera. Quizás puedas invitarlos a tu casa, prepararles una comida típica de la cultura en la que estuviste y compartir con ellos algunas de las cosas que Dios hizo en tu vida y a través de ti.
  • Trata de comunicarte con la gente. Hagas lo que hagas, sigue construyendo relaciones con la gente como lo hacías cuando estabas en el campo. A medida que lo hagas ellos notarán cuánto has cambiado y tal vez se animen a experimentar esos mismos cambios en sus propias vidas.

Sobre el Autor

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Ron y Bonnie Koteskey son consultores de atención para miembros de Go International.

Han brindado atención a miembros para misioneros desde 1997.